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El retorno del “Médico”: “dimes”, “diretes” y “poyaques”…

El tiempo pasa, para todos, aunque no lo queramos o nos empeñemos en negarlo… Cuatro años han pasado ya desde que me propusieron cambiar el mundo asistencial en mi consulta de medicina familiar y comunitaria en mi ciudad natal (entendida como consulta diaria y con un cupo asignado) por la frialdad de los despachos donde supuestamente se toman decisiones para mejorar la calidad asistencial que llevaba a cabo día tras día. A pesar de eso y por elección personal en ningún momento he dejado de tener contacto con la actividad asistencial esporádica en forma de urgencias y otras actividades por considerarlo totalmente necesario para mantener “el tono” y el “ojo clínico”, no vaya a ser que se vaya a echar la siesta…

Durante todo este tiempo he podido conocer aspectos y rincones de la sanidad desconocidos para mi sentado en la silla de mi consulta y de los cuales era totalmente ajeno, y que gracias a la gestión de procesos clínicos y atención al paciente, y aplicación de nuevas tecnologías a estos procesos que he llevado a cabo todo este tiempo he sido capaz de conocer hasta el fondo (quizás más de lo que hubiera deseado en ocasiones…).

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Una experiencia esta, la de la gestión clínica en salud, muy recomendable (y me atreviría a decir que debería ser obligatoria durante un tiempo…) para todo aquel que esté interesado en conocer desde otro punto de vista la salud y la sanidad de nuestro sistema, su funcionamiento y los porqués a tantas cuestiones que en la consulta se nos plantean día tras día. Por fín he llegado a entender muchas de las situaciones que me enfurecían en la consulta y que en ocasiones entorpecían mi actividad asistencial por culpa de un mero trámite sin importancia. Por fín he apreciado que a pesar de la frialdad de “Don Dinero” y el mundo que lo rodea, este es imprescindible para que las cosas funcionen bien en las “trincheras”, y ciertas decisiones tomadas en las altas esferas, necesarias para la optimización de recursos sanitarios (por supuesto no todas…)

Por todo esto y por mucho más me doy por satisfecho tras todo este periodo viviendo “al otro lado”, en el cual de forma curiosa y de la noche a la mañana, sea por la razón que sea, algunas de las personas con las que has trabajado previamente te empieza a mirar y a tratar de forma tan distinta y distante… de la noche a la mañana te conviertes en algo parecido a un ser extraño de ocho patas y digno de evitar, algo curioso porque he seguido llevando mi ropa informal al trabajo (aún recuerdo uno de mis primeros días en el centro de salud en el que me etiquetaron como “el médico surfero” por el atuendo que llevaba… habrán pasado ya 10 años de eso…) y en el fondo, he seguido siendo yo mismo. En fin, si alguien tiene la respuesta a eso que me lo explique porque sigo sin entenderlo.

Durante este tiempo incluso se me ha brindado la irrechazable posibilidad de aplicar los conocimientos y experiencias en el ámbito de la sanidad privada, permitiéndome así ampliar y contrastar el punto de vista en este ámbito, pero este mundo da para escribir otro post, que está en el horno… (podeis empezar a prepararos…)

Pero, todo llega a su fin… al médico lo que es del médico, porque soy eso, médico… médico de familia y de familias para ser exactos, y tarde o temprano este día tenía que llegar, así que recientemente he vuelto a la consulta, al día a día, a la “trinchera, a… llámenle como quieran… he vuelto a ver pacientes, que es de lo que se trata, de aportar calidad asistencial y buena praxis médica con lo aprendido y sobretodo empatia, comprensión y alegría a esas personas que lo necesitan, y esto no se aprende en ninguna universidad ni en ningún despacho, eso se tiene o no se tiene…

                                                                                                                 

Y mi sorpresa ha sido mayúscula porque tras los miedos iniciales a mi “vuelta al cole”, me he encontrado mejor que nunca, con más ilusión que un recién salido de la facultad, atendiendo esas interminables listas de personas (que no pacientes…), escuchando los típicos “dimes y diretes” de la sala de espera, viendo como me cuelan un “poyaque” tras otro, siendo consciente que muchos de los que entran por la puerta solo quieren ser escuchados y acompañados…

Me considero una persona de retos, y para mi, volver a ser médico es un gran reto, y más teniendo en cuenta que en esta ocasión me encuentro en un ámbito rural, donde nuestra figura cobra un aire totalmente distinto al que por desgracia ha adquirido los últimos años en las grandes ciudades, donde la proximidad con las personas, familias y sociedad es mucho más cercano e intenso, siendo consciente de que (por circunstancias ajenas) cada movimiento que realizo tanto fuera como dentro de la consulta será valorado y de qué manera… vaya responsabilidad…

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La vida está llena de momentos y este momento también hay que vivirlo y disfrutarlo. Hay tiempo para todo… no se que vendrá mañana pero a pesar de los pesares y de muchos comentarios que uno oye, miradas en el cogote, collejas y demás, estoy más que satisfecho y orgulloso de mis experiencias de vida y aunque debo reconocer que en un primer momento no era consciente de que quizás era esto lo que necesitaba de nuevo, ahora estoy seguro de ello, y más, debo reconocerlo, después de leer los libros de @fernandofabiani – #VengoSinCita – y @monicalalanda – #ConCienciaMedica -, en los que se relata el día a día y los pormayores y pormenores del colectivo médico y con los que he podido corroborar que un médico sin pacientes no es un médico, sino simplemente un licenciado en medicina, que no es lo mismo, para nada…

Nos vemos en las redes!!! y ahora en la consulta…

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Doctor, venía a confesarme…

En las últimas semanas he estado leyendo en las redes sociales comentarios, opiniones y realidades sobre el día a día de muchos profesionales de la salud con los que me he sentido plenamente identificado. El papel que tenemos encomendado como profesionales de salud en cualquiera de nuestras especialidades es velar por la salud de nuestros pacientes y otorgarles las herramientas y confianza necesarias para que puedan lidiar con el día a día de su salud y sus vidas. En concreto, para los médicos de familia, esto incluye en muchas ocasiones las relaciones familiares del paciente y su entorno, no menos importante para el devenir de la evolución del bienestar del individuo.

descargaPero ¿qué pasa cuando es el propio paciente quién decide tomar otro camino que el de los consejos que le damos sus profesionales de confianza?  Esta actitud es repetida en multitud de ocasiones en casi todas nuestras consultas por algunos de nuestros pacientes. De nuevo entra en juego la educación sanitaria, esa religión que no dejamos de evangelizar entre nuestros “fieles” pero que no todos escuchan o quieren escuchar…

Consejos de salud como “debe realizar dieta baja en sal”, “debe controlar las grasas en los alimentos”, “le recomiendo regular la ingesta de hidratos de carbono”, “recuerde hacer ejercicio 3 días a la semana”… quedan en nada por el mero hecho de ser consejos preventivos… En otras palabras, que al paciente no le duele nada, por lo que el consejo le entra por un oido y le sale por el otro…

Cuando todo esto conlleva patología o malestar para el paciente ya es otro cantar, por supuesto… Ahí es cuando aparecen la demanda de visitas urgentes, las caras de sorpresa en consulta preguntando el porqué les está sucediendo eso, las exigencias solicitando una cura inmediata para algo que se ha estado gestando durante largo tiempo en el organismo del “infiel”, e innumerables situaciones en consulta que se hubieran podido evitar si se hubiera hecho caso a los consejos de salud preventivos del facultativo.

Aún así, esta actitud de preocupación y sorpresa dura un milisegundo en algunos pacientes, ya que a medida que pasa el tiempo y cuando parece que una vez diagnosticada la patología y tomado el tratamiento se van olvidando de las modificaciones de sus hábitos y vuelven a las andadas, porque claro… es mucho más fácil “tomar una pastilla que tener que controlar cada día la alimentación y el ejercicio…”

Ante todo esto, mi pregunta es, ¿qué actitud debemos tomar los profesionales de salud ante actitudes de este tipo? ¿Seguimos insistiendo en la educación sanitaria como es nuestra obligación o desistimos ante la pasividad y desidia y la poca estima que tienen algunos pacientes a su propia salud? Porque en definitiva es eso, SU SALUD, y si el paciente es quien decide no tener ni el más mínimo respeto por su salud, ¿quién somos nosotros para llevarle la contraria?

Reconozco que este argumento, agresivo por otra parte, lo he utilizado y lo sigo haciendo cada vez más en consulta. A pesar de no ser quizás del todo políticamente correcto, la frase “mire señor, es SU salud, no es la mia… al fin y al cabo, para mi es un trabajo, una profesión, para usted es SU VIDA…” parece que cala hondo en las consciencias de los pacientes y el hecho de imaginar que su médico de confianza se desentiende de su salud les preocupa más que su propia enfermedad.

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Siempre me he considerado un NO medicalizador, es decir, lo intento todo antes de dar medicación a mis pacientes. Utilizo la palabra para explicar los procesos fisiológicos y patológicos, intento dar consejos saludables, reconducir actitudes, terapia oral e incluso escrita con recomendaciones ya sea en papel o en formato digital (en los últimos tiempos, cada vez que lo hago pienso en mi “twitteramigo” @mrizaldos, si me permite llamarlo así… con quién estoy totalmente de acuerdo en la no medicalización de las situaciones fisiológicas de la vida diaria y el control de la medicalización en las ocasiones en que realmente es necesario), pero cada día más me siento más incapaz de seguir esta línea de trabajo, no porque no me sienta capacitado sino porque observo actitudes de desidia, pasotismo y despreocupación en algunos pacientes que me hacen plantear si realmente es necesario perder tanto tiempo y saliva en dar explicaciones a oidos sordos…

Ejemplos como el paciente que prefiere tomar estatinas a cambiar los hábitos (explicado por @doctorcasado) o como el del paciente diabético tras haberse permitido una comilona familiar con toda la intención acude a urgencias a que le inyecten un “chute” de insulina (vivido por el Dr. @jgcmed), vividos en las últimas semanas y sumados a los múltiples casos similares que todos hemos vivido en consulta a diario me hace pensar en este tema más a menudo de lo que desearía…

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Me gustaría que, como profesionales de salud, os atrevierais a dar vuestra opinión al respecto. ¿Qué actitud tomáis ante esta ola creciente de despreocupación en consulta? ¿Sentís que no estáis realizando bién vuestro trabajo?

Mientras tanto… ¡nos vemos en la red!

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Los mismos pacientes + el mismo sistema = los problemas de siempre…

cuapDesde hace prácticamente dos años alterno actividad asistencial con  un cargo intermedio de gestión en Atención Primaria. Si debo definir  mi actividad asistencial de los últimos 13 años, los que hace que  inicié mi camino profesional en el increible mundo de la medicina de familia (y no lo digo con segundas… considero que es maravilloso…)  creo no equivocarme mucho si me defino a mi mismo como alguien  que escucha y que atiende a las personas, alguien que se preocupa  por la salud de sus pacientes y el entorno familiar y social de los  mismos, pero a la vez alguien que en ocasiones, por decir verdades,  puede parecer arrogante e insolente. Como dirían algunos, “esto es  así…”, y lo reconozco…

En nuestra actividad asistencial, como médicos de familia solemos  tener la sana costumbre de pasar muchos minutos de cada una de  nuestras consultas en realizar la conocida por todos “educación sanitaria“… que si “si le ocurre esto no dude en llamarme”, que si “no acuda a urgencias a menos que se trate de algo importante”… intentamos dar todas las armas a nuestros pacientes para que puedan ser, en la medida de lo posible, autosuficientes (empoderamiento os suena de algo?) y tengan la confianza de comentarnos e intentar solucionar sus problemas con nosotros, sus médicos de confianza y en algunos casos “de toda la vida”.

Pero, ohhh, siento deciros, que esa “educación sanitaria” siempre ha brillado por su ausencia, y sigue brillando por su ausencia a pesar de nuestros intentos. Mucho del trabajo que realizamos en consulta intentando educar (sanitariamente hablando…) a los usuarios de nuestro sistema público de salud nos damos cuenta que es en vano cuando vemos las patologías que acuden a los servicios de urgencias.

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Malestar general de 30 días de evolución, disminución del apetito sexual, olvidos en las renovaciones de recetas electrónicas, picores generalizados desde hace meses, dolor en la punta de la uña del dedo gordo del pie, realización de controles de glucemia en pacientes diabéticos porque han tenido “comilona” familiar, manchas cutáneas que aparecen sin provocar ningún tipo de síntoma, picores de garganta que solicitan ser atendidos por el mero hecho de pasar por delante del centro de salud, padres que desean realizar un chequeo pre y post vacacional a sus hijos para no perder ni un minuto de sus vacaciones en sus lugares de destino, o la que acabo de hacer justo antes de escribir este post, una tos de años de evolución… Todos estos y muchísimos más son motivos más que frecuentes en los servicios de urgencias de nuestro sistema público de salud. Motivos todos ellos que me enervan (y estoy convencido que no hablo solo por mi), y que transforman mi apaciguada forma de escuchar y de ser en el Mr Hide de la medicina de familia, os lo aseguro… provocando mi total desfogue en las redes sociales a modo de protesta… Señoras y señores, NADA DE ESTO REQUIERE ATENCIÓN URGENTE, por si os quedaba alguna duda…

Pero lo cierto es que ahora, desde otro punto de vista, y con el prisma más enfocado hacia la gestión clínica de pacientes y de procesos asistenciales debo reconocer, y entono el “mea culpa”, que gran parte de que esto siga sucediendo es merecido…

En primer lugar, dejar la definición de “urgencia” a criterio del usuario es un error, pero es lo que se está haciendo, por lo tanto, la urgencia pasa a ser “todo aquello que el paciente considera urgente en cualquier momento” por lo que todo aquel que atraviesa la puerta del centro de urgencias debe ser atendido… ERROR. Y por mucho sistema de triaje que sigamos haciendo (por cierto, un enorme reconocimiento al personal de enfermería que realiza esta desagradable y árdua tarea y que debe lidiar con esos problemas a diario y que está haciendo un gran trabajo!), seguimos realizando miles de consultas innecesarias a personas (me niego a llamarles pacientes, porque no están enfermos…)

En segundo lugar, ¿qué narices esperamos cuando decimos a los usuarios de urgencias que su problema no es urgente y que deben ir a su médico de familia correspondiente y la cita más cercana para “su” médico es para dentro de 20 días en su centro de salud? Pues eso, que volverán a urgencias sí o sí…

En tercer lugar, en un sistema donde la immigración es un problema, no por la immigración en sí, sinó por la gestión que se hace de la misma (y no voy a comentar nada sobre este problema, ya que considero que hay otros compañeros más capacitados para hacerlo…), y los immigrantes son excluidos del sistema sanitario y la única puerta que tienen es la urgencia, ¿a dónde acudirán el colectivo de immigrantes cuando tengan un problema de salud? Bingo…

familiaEn resumen, la atención primaria debe ser la  base de  la atención a la salud del ciudadano y  precisa una optimización de  recursos y financiación. Recursos en  forma de personal para poder dedicar el tiempo  preciso a cada uno de los problemas, poder  abordar los miles y miles de visitas que  recibimos en nuestras interminables jornadas  laborales, para afrontar esos pacientes  delicados, crónicos o terminales, al mismo tiempo que intentamos reorganizar y redirigir esas consultas banales por el flujo de atención correcto, a la vez que  afrontamos las situaciones familiares y sociales de los mismos pacientes, para poder ser realmente la base del sistema sanitario y evitar hospitalizaciones y asistencias en otros niveles, para aumentar la resolución de los profesionales y poder realizar en definitiva lo que sabemos, cuidar de nuestros conciudadanos y las circunstancias que les rodean, porque somos médicos de personas y eso queremos seguir siendo… Y a las personas hay que dedicarles tiempo, hay que dedicarles atención y transmitirles que son escuchados y valorados (ya no entro en discutir si presencialmente o de forma virtual, no es el foro…) y eso es justamente lo que NO estamos haciendo hoy en día, ya que para realizar lo que ha realizado el médico de familia toda la vida a un número cada vez mayor de ciudadanos y absorbiendo cada vez más flujo de trabajo, responsabilidades y capacidades, son necesarios más recursos.

Y mientras no se quiera entender esto, seguiremos viendo pacientes de forma desordenada en los servicios de urgencias y fuera de lugar, que nos haran tener que dedicar tiempo y recursos a patologías innecesarias, debiendo dejar de lado a los pacientes y necesidades realmente importantes.

Es necesaria una redistribución de recursos YA. La Atención Primaria lo necesita y los pacientes DE TODOS también. Ahora parece que se abren nuevas expectativas en nuestro territorio, y mis esperanzas renovadas… estoy convencido que llegarán nuevos y mejores tiempos…

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Renacimiento. Reflexión sobre “la nueva consulta médica”.

Tras un tiempo en silencio he decidido volver a dar un poco la lata. Han sido diversos los proyectos que he estado llevando a cabo en los últimos años aparte de mi actividad asistencial, todos relacionados con los nuevos modelos de comunicación con los pacientes, y que, según mi punto de vista, paso a paso van calando entre los profesionales de salud… Cuanto tiempo ha pasado ya desde la creación de El médico en casa (@elmedicoencasa) allá por el 2007… Ha llovido mucho…

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 No quiero centrarme solo en los pacientes, porque éstos son los que  realmente lo tienen claro  (hace ya años que se está viendo en los estudios,  estadísticas  y encuestas de eSalud (por  ejemplo la del ONTSI de 2012), en  el que dice, entre otros interesantes datos, que 3/4 partes de  los pacientes desean que se les prescriban recursos digitales y que estos prescriptores sean sus  propios médicos de confianza… Más claro el agua…

 Entonces, la cuestión es la siguiente… ¿Qué está fallando para que cueste tanto la  immersión en el #dospuntocerismo? Desde mi punto de vista, el propio personal sanitario… La adaptación a estos modelos de comunicación y atención está siendo sumamente lenta. A los profesionales de salud nos está costando entrar en este juego con nuestros pacientes a pesar de que ellos mismos lo están pidiendo, ya sea porque la vorágine de nuestro día a día no nos permite “perder más tiempo”(?) con otras cosas, aunque a medio plazo se vea compensada con una reorganización de su propio tiempo de trabajo, una optimización de recursos (en el fondo eficiencia…) y un aumento de satisfacción de nuestros pacientes…

Otros profesionales, no ven clara todavía la rentabilidad de los nuevos canales de comunicación y atención al paciente, ni como enfocar sus recursos y posibilidades a las tecnologías.

Mi humilde forma de verlo es que el profesional de salud, o decide cambiar, o decide cambiar… no queda otra opción para adaptarse a las nuevas necesidades de nuestros pacientes, quién, no lo olvidemos… son los que mejor adaptados están a este cambio.

Creo que los que tenemos la suerte de creer en la infinidad de posibilidades que nos ofrece la #eSalud y llevamos un tiempo manejando nuestro día a día con los pacientes a través de estos canales de atención deberíamos apoyar/formar/animar/acompañar… al resto de compañeros que no creen como nosotros, enseñarles y demostrar que es todo más sencillo de lo que parece y que no hay mejor rentabilidad que el poder reorganizar y optimizar nuestro tiempo de trabajo y dedicación para poder dar la mejor asistencia a nuestros pacientes…

Ya no solo hablo de redes sociales, que también… Las redes sociales se han convertido en el mejor agente de difusión de nuestro conocimiento hacia los pacientes u otros profesionales de salud, ya sea en forma de “micromensaje” (twitter), en forma de vídeo (youtube, altamente recomendables los canales del Dr. Salvador Casado y Rosa Pérez), en forma de post (blog/facebook, os recomiendo encarecidamente el blog del Dr. Jesús Garrido, pediatra) u otros…

Hablo también de ofrecerle al paciente plataformas de comunicación y atención directa con sus profesionales de salud, plataformas de gestión de consultas y pacientes, plataformas integrales de gestión clínica… En definitiva, plataformas que permitan la realización de consultas online (virtuales, no presenciales… o llámenle como mejor les parezca…) en forma de mensajería y de forma asincrónica (sin que sea necesaria la coincidencia en el tiempo entre ambos actores) o en forma de vídeoconferencia para poder tener acceso en directo y cara a cara (aquí sí es precisa la sincronía en el tiempo entre profesional de salud y paciente).

A la vez estas plataformas de gestión de pacientes y consultas deben  permitir al propio paciente interactuar con sus datos, introducir constantes, valores y datos analíticos, diagnósticos, informes, de manera que su  profesional de confianza pueda tener en el momento en que sea necesario  todos los datos posible de su paciente. Estas herramientas de gestión son ya el presente de la actividad asistencial de muchos profesionales considerados 2.0, y cada vez más profesionales lo van incorporando a su  día a día.

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 Y ante todo, ¡lo más importante! plataformas que tengan en cuenta la  seguridad del paciente y  de sus datos y que cumplan la LOPD en su  totalidad. Estamos hablando de información personal  y de salud de nuestros  pacientes, información que no debe ser interceptada por ningún actor  externo a la atención realizada a nuestros pacientes. Por lo tanto, olvidémonos de realizar este  tipo de acciones por correo electrónico o por métodos y sistemas que no garanticen una  seguridad máxima y una  encriptación de la información tratada.

Adaptémonos a las necesidades con soluciones integrales. Un ejemplo de plataforma de gestión clínica integral es MEDKIA HEALTHCARE, que permite realizar todo tipo de gestión y tratamiento de datos de forma segura, realizar asistencia sincrónica y asincrónica a nuestros pacientes, realizar campañas de márketing dirigidas y segmentadas, a la vez que permite gestionar la facturación de nuestro centro o consulta de forma integrada en una sola herramienta.

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La asistencia al paciente sin que este se desplace de su domicilio es el nuevo modelo de atención y aunque soy perfectamente consciente, como médico de familia, que un abdomen debe palparse y que un corazón debe auscultarse, hay momentos y consultas para todo… Algunas precisan atención presencial y otras no la requieren… y son estas consultas las que debemos ir redirigiendo a otro nivel asistencial, el virtual. A partir de ahí, la satisfacción del paciente crece, por la comodidad que le supone el hecho de no tener que faltar al trabajo para ir al médico o por la seguridad que le aporta el saber que tiene a su médico de confianza al otro lado del monitor cuando lo necesite.

La optimización del tiempo de consulta es VITAL en los tiempos que corren, y cuando de 40 visitas diarias en mi centro de salud, solo requieres “levantarte de la silla” en 15 de ellas, algo está fallando… ¿Qué hacemos con las otras 25? A mi entender la respuesta es fácil, redirigirlas a un entorno no presencial, en el que nos permita reorganizarnos y dedicar más tiempo presencial a quien realmente lo necesita, tocar ese abdomen que nos preocupa o valorar ese “soplo” que nos trae de cabeza. Con el resto… nos vemos en la red, donde soy exactamente el mismo profesional y atiendo a mis pacientes del mismo modo.

Es por todo esto, y volviendo al hilo de la necesidad de difundir esta “filosofía 2.0“, formar a los profesionales y hacer crecer el panorama de eSalud nacional, que son de agradecer tan interesantes iniciativas como el “Curso de eSalud” para  profesionales que impartirá el Dr. Jesus Garrido (@mpediatraonline) junto con otros profesionales como Chema Cepeda (@chemacepeda) o M. Ángel Rizaldos (@mrizaldos). De igual modo hay que tener muy en cuenta la realización de jornadas, encuentros y eventos que potencien la utilización de las TIC en el mundo de la salud como las pasadas “I Jornadas de eSalud de Asturias“, un gran éxito organizado por Ignacio Fernández (@ignacioFalberti) y Salud Social Media (@SaludSM).

Y atención a todo lo que viene a partir de ahora… se me antoja un 2015 muy, muy, muy interesante…

Por mi parte y a través de mis medios, seguiré e intentaré ayudar a todos los profesionales que lo necesiten para hacer que la salud digital crezca en nuestro entorno y a todos los pacientes a que cada vez estén más conectados a nosotros, sus consultores de salud. Para eso estamos y aquí seguiremos…

Nos vemos en la red!